
Criterio humano y uso de IA
Utilizo herramientas de inteligencia artificial como apoyo técnico, nunca como autora. La IA puede ayudar a ordenar, revisar o detectar problemas, pero las decisiones sobre el texto deben ser humanas. Esa responsabilidad es parte central de mi trabajo.
Editar y escribir no es solo “que suene bien”.
Es decidir qué decir, qué callar, para quién y con qué consecuencias.
Lo que la IA puede hacer (y lo que no)
La IA es rápida y útil, pero tiene límites claros:
- Pulir de más el texto y quitarle fuerza o aspereza.
- Emparejar el tono, perdiendo quiebres necesarios.
- Sobreexplicar, anulando la sugerencia.
- Ordenar en exceso textos que necesitaban desorden.
- Invadir la voz del autor sin percibirlo.
- Asumir intenciones que no estaban claras.
- Perder equilibrio entre estructura y detalle.
- Dar por sabido lo que el lector no sabe.
- Pasar errores por cansancio en lecturas repetidas.
- Arregla lo que «no entiende»: recursos expresivos, creativos o diferentes a lo establecido, según su criterio.
Por eso no delego decisiones claves a mi IA.
Mi trabajo es leer con atención, intervenir con cuidado y respetar la intención del autor. Decido qué cambios son útiles y cuáles no. Y cuando un texto no funciona, lo digo.
Por qué esto importa
Hoy cualquiera puede generar textos con ayuda de esta herramienta.
Lo difícil sigue siendo darles sentido, mantener una voz y responder por lo que se publica. Ese es el valor del trabajo humano en la escritura y la edición. Y es ahí donde me posiciono.

